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| 11-05-2012 |
| Soeur Domitille, Carmelo Logbakro |
| Estimada Madre Teresa de Jesús |
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Encontrándote de lleno en la luz de Dios, puedes percibir el momento exacto en que esta palabra: “ella pertenece a Dios!”, traspasó mi corazón de niña. Me suena a tu refrán: “Vuestra soy…”.
¿Qué sucedió entonces a la chiquilla que yo era? Cual fue la obra que Dios hizo en mi corazón, en mi espíritu, en mi cuerpo? De hecho, desde aquel momento, todo en mí fue movimiento y búsqueda de Aquel a quién ya pertenecía. Ya nada tenía sentido sino hacía referencia a Él. Su Amor crecía al compás de mi crecimiento físico. Su nombre “Jesús” acabó gravándose en lo más profundo de mi ser como un incesante murmullo de amor y de sed. Ya adolescente me complacía con la compañía de aquello y aquellos que reflejaban algo de Él.
Devoraba pequeños resúmenes de vidas de santos. Ellos mantenían el fuego. Cuando descubrí las grandes figuras de Teresita, Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, entonces el camino del Carmelo se me apareció como aquel hacia donde Dios me conducía. Y efectivamente, todo lo que estaba en germen aquí se ha desarrollado y desarrolla aún, en contacto con muchas hermanas y hermanos.
Mi querida madre santa Teresa, ¿no notas, tu también, mi estremecimiento al oír este refrán cuando empezaron mis contactos con las carmelitas? “Yo querré, Señor, lo que tú quieras” él me recuerda y canta en mis oídos la misma música cuando tú te abandonaste al Amado: “A todo yo digo sí”.
Me gusta contemplar tu vida toda enamorada de Jesucristo. Sin embargo ha sido necesario una viva determinación para perseverar! Y Cristo te ha enviado hacia los otros. Tú has nacido para Dios y también para los otros, por nosotros y por todos. Para dar testimonio de esta felicidad y enseñarnos un camino. Gracias.
Tus luchas y combates me revelan el infinito respeto de Dios hacia nuestra libertad. Le doy gracias por todas las veces donde yo he tenido que escoger y saber renunciar, por causa de Él.
El Carmelo, fruto de tu abrasado amor a Dios lo veo parecido a ti: él me envía hacia las personas, hacia mis hermanas, a la Iglesia, al universo. Ha sido en el Carmelo donde yo he tenido plena conciencia de ésta red que nos une existencialmente entre los seres y los acontecimientos. En el Carmelo también, ha sido donde he aprendido a consentir a que Dios me envíe hacia los otros.
Finalmente, has dado al Carmelo, de ser el lugar donde los acontecimientos de la Iglesia y los del mundo resuenen y sean acogidos en oración…
Teresa, hecha alabanza y suplicación, tú me arrastras. Alabanza a Dios, el Amigo sin par. Súplica a fin que todos puedan abrirse a Cristo, tesoro de la humanidad, de mi humanidad. Y que nadie falte a la cita de amor de la santa Trinidad.
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| 11-05-2012 |
| Ficha XV |
| Esta narración de la fundación de Palencia tiene una estructura bastante clara. |
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